El Teatro Romea de Murcia está situado en la plaza de Julián Romea del centro histórico de la ciudad de Murcia. Se trata del principal teatro de la localidad.
Fue inaugurado por la Reina Isabel II el 25 de octubre de 1862, con la representación de la obra de Ventura de la Vega El hombre del mundo, interpretada por Julián Romea, denominación que posteriormente llevaría el coliseo.
Este primer inmueble fue obra de Diego Manuel Molina, recibiendo el nombre de Teatro de los Infantes hasta la Revolución de 1868, en que se cambió por Teatro de la Soberanía Popular.
En el año 1877 sufrió un pavoroso incendio, inaugurándose su reconstrucción en 1880. Tan sólo 19 años después, el teatro sufrió otro incendio (en 1899), recurriéndose al mismo arquitecto que en la ocasión anterior, el hellinero Justo Millán. El edificio que podemos contemplar hoy se debe a esta última reconstrucción.
La tercera inauguración del teatro (después de los dos incendios) tuvo lugar el 16 de febrero de 1901. La compañía de María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza puso en escena El estigma, de Echegaray. El acto se aprovechó para homenajear a los citados actores, así como para nombrar hijo predilecto de Murcia al autor José Echegaray, que asistió también al acontecimiento.
Importantes hitos en la historia del teatro fueron los diversos estrenos de obras de Jacinto Benavente que contaron con la presencia del autor, o la actuación en 1933 del Teatro Universitario La Barraca, dirigido por Federico García Lorca.
En los años 80 del siglo XX el Romea vivió una rehabilitación, siendo reinaugurado por la Reina Sofía el 7 de febrero de 1988. Actualmente se encuentra en un nuevo proceso de rehabilitación, tanto exterior como interior.
Su programación cultural es muy amplia, teniendo cabida géneros tan diversos como el teatro, la danza, el musical, los conciertos, el flamenco, la zarzuela y otros.
ARQUITECTURA.
La fachada pertenece al más puro eclecticismo. Cuenta con rasgos de clara inspiración neoclásica, con detalles modernistas como la marquesina y las verjas de forja de la entrada. En la parte superior central hay tres bustos de Beethoven, Mozart y Liszt. Sobre los ventanales de la planta principal hay cuatro medallones con relieves de otros tantos dramaturgos murcianos: Andrés de Claramonte, Damián Salucio del Poyo, Gaspar de Ávila y José Selgas.
Ya en el interior, en el techo del patio de butacas se han sucedido las obras de dos pintores murcianos, José Pacual y Valls y Federico Mauricio con los arreglos de Antonio Meseguer e Inocencio Medina Vera, que representa a Julián Romea y una serie de figuras femeninas alegóricas de las Artes. El telón, obra de Emilio Sala, fue regalo de María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza y representa una alegoría del teatro.
El salón de actos tiene forma de herradura, con patio de butacas rodeado de plateas, tres niveles de palcos y otros tantos de gradas superiores.
CURIOSIDADES.
Cuenta la leyenda que sobre el Teatro Romea recae una terrorífica maldición. Corría el siglo XIX cuando, mediante la Desamortización de Mendizábal, el Estado confiscó numerosos bienes a la Iglesia. Esta ley afectó a la de Santo Domingo, entonces conventual, a la que le quitan el huerto y el cementerio. Sobre éste último se decidió construir un teatro.
El cementerio, supuestamente se trasladó a otro lugar, pero un monje del convento, no contento con esta medida, lanzó una maldición sobre el teatro y predijo tres incendios. En el primero de ellos no moriría nadie, en el segundo fallecería una persona, y en el tercer incendio, cuando el teatro estuviera completo, morirían todos.
En la realidad constatable se puede comprobar que el teatro ha sufrido dos incendios; en el primero no murió nadie y el teatro se reconstruyó y se le cambió el nombre, de Teatro de los Infantes pasó a llamarse Teatro de la Soberanía Popular. En el segundo incendio murió una persona y se volvió a reconstruir, pasando a llamarse Teatro Romea. Desde entonces, se dice que el taquillero o taquillera del teatro siempre se guarda una entrada para que de esta manera nunca se pueda cumplir la tercera maldición.
¿Leyenda o realidad? Hay queda...
CURIOSIDADES.
Cuenta la leyenda que sobre el Teatro Romea recae una terrorífica maldición. Corría el siglo XIX cuando, mediante la Desamortización de Mendizábal, el Estado confiscó numerosos bienes a la Iglesia. Esta ley afectó a la de Santo Domingo, entonces conventual, a la que le quitan el huerto y el cementerio. Sobre éste último se decidió construir un teatro.
El cementerio, supuestamente se trasladó a otro lugar, pero un monje del convento, no contento con esta medida, lanzó una maldición sobre el teatro y predijo tres incendios. En el primero de ellos no moriría nadie, en el segundo fallecería una persona, y en el tercer incendio, cuando el teatro estuviera completo, morirían todos.
En la realidad constatable se puede comprobar que el teatro ha sufrido dos incendios; en el primero no murió nadie y el teatro se reconstruyó y se le cambió el nombre, de Teatro de los Infantes pasó a llamarse Teatro de la Soberanía Popular. En el segundo incendio murió una persona y se volvió a reconstruir, pasando a llamarse Teatro Romea. Desde entonces, se dice que el taquillero o taquillera del teatro siempre se guarda una entrada para que de esta manera nunca se pueda cumplir la tercera maldición.
¿Leyenda o realidad? Hay queda...


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